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En otro universo

 Hoy me levanté escuchando tu nombre, descifrando sus sílabas, como un sonido mágico que me llena de recuerdos. Recuerdos de tu sonrisa vívida, de tus suaves movimientos, de tus ojitos curiosos y cálidos, de tus formas tan hermosas. Que dífícil es partir de la cama y mantenerle el ritmo al veloz tiempo cuando mi corazón solo quiere recordar aquel tacto en tus dedos, el sonido de tu risa, el olor de tu cuello y las conversaciones eternas y deliciosas. Esas conversaciones son lo que más extraño, lo que sé que será imposible de reemplazar. Ahora el tiempo avanza más rápido pero en silencio, sin movimientos inesperados, sin cine en los parques, sin restaurantes fantuosos donde una mujer hermosa lo es aún más, sin caminatas frías por el malecón. Me consuela saber que los recuerdos seguirán aunque cada vez más difusos, más genéricos, más alejados de su realidad temporal. Ello no me quitará el goce de saber que existió, que existimos, y que en algún universo muy lejano seguimos juntos de ...

La última vez

  La última vez que Rubén vio a Nina fue la más especial de todas. Fueron al cine muy temprano, antes de iniciada la noche, y coincidentemente al que estaba a pocas cuadras del departamento de Rubén. Él no lo propuso por tener alguna intención procaz con ella, pero sí para evitarse un largo camino de regreso a casa. No había pensado en que harían después al momento de proponer la cita, pero cuando estaban caminando fuera del cine saliendo de la película, se dio cuenta que era inevitable, y dentro de él era lo que realmente quería. Entonces tácitamente encontraron rumbo mientras seguían conversando. Llegado a su departamento ambos tomaron un distanciamiento leve, sentados en el pequeño sofá mientras charlaban. Primero sobre la película, luego sobre el cine en general, los actores, los directores, los premios; luego la cultura, las relaciones sociales, amorosas, hasta terminar en la política, siempre terminaban en política. Mientras la escuchaba, Rubén no dejaba de contemplar su rost...

¿Vale la pena vivir la vida?

  *¿Por qué vale la pena vivir la vida? Es una gran pregunta. Hay ciertas cosas que creo le dan sentido a la vida y hacen que valga la pena vivirla. Para mí, por ejemplo, sería una copa de un buen Chardonnay, los atardeceres de verano, las canciones de Luis Alberto Spinetta, Gustavo Cerati, las películas de Woody Allen, los cuentos de Ribeyro, Vargas Llosa, los poemas de Cortázar, la zurda de Lionel Messi, Rafael Nadal, los cigarros de marihuana, Siddhartha de Hesse, El Padrino de Coppola, los redondos de Botero, Picasso, Dalí, la trompeta de Chet Baker, las calles de Madrid, la comida peruana, la cara de Natalia, el contorno de sus senos, su sonrisa tierna.   *Parafraseo de monologo en Manhattan (1979).

Privilegios

 El día de hoy se realizó un paro de transportistas en Lima, como medida de protesta ante las diarias extorsiones y amenazas que sufren los choferes y cobradores del transporte público. La medida también se realizó ayer, y de hecho comenzó la a mitad de la semana pasada. Buses, cousters, combis, todos detuvieron sus rutas diarias y se agruparon por diferentes puntos de la ciudad, pacificamente, exigiendo una inmediata acción al gobierno central. La protesta generó una reacción cívica, pues al frenar el precario sistema de transporte limeño, se paraliza en gran parte el flujo de personas en la ciudad. Esto entorpece que los alumnos lleguen a clases, que los asalariados lleguen a las oficinas, que los obreros lleguen a su obra, y sucesivamente, frena la economía. Afecta a todos y de esa forma es que se vuelve efectiva. Pero hoy pensando, caigo en cuenta que esta medida no me afectó a mi en lo más mínimo. Caigo en cuenta que hace dos días, y también la semana pasada, he continuado lle...

El libro perdido

  Cuando me levanté por la mañana, aun adormecido por las sábanas, recordé la conversación que tuve ayer con mi padre sobre un escrito de Ribeyro. Discutíamos si aquel texto donde el peruano hablaba de los tipos de lectores y de los libros se encontraba en su obra “la caza sutil” o en su recopilatorio “prosas apátridas”. Convencido de haberlo leído hace unos años, me levanté directo hacia mi pequeña biblioteca, y moviendo pilas de libros comencé a buscar mi ejemplar. En una primera búsqueda no lo encontré, entonces comencé a releer cuidadosamente los títulos de los libros que estaba sacando y que había ordenado tan solo unas semanas atrás. Recordé que mientras ordenaba la biblioteca no había visto aquel ejemplar de Ribeyro, pero displicente del recuerdo insistí ordenando nuevamente todos los libros de mi colección, para darme con la sorpresa de su desaparición. Confundido, salí a la sala a buscar entre los libros de mi madre; grandes, voluminosos, de muchas páginas y tapas colorida...

En memoria del escritor peruano

     La semana pasada falleció Mario Vargas Llosa en Lima. Fue un evento que había imaginado tantas veces, de forma curiosa, pero que cuando finalmente llegó me desencajó como si nunca antes lo hubiera pensado. No tengo dudas que se trata de una pérdida invaluable para el mundo y especialmente para el Perú. No tengo dudas que fue un fantástico novelista, crítico pensador, y orgulloso peruano.  Con su muerte culmina un fenómeno cultural iniciado en los años setenta que cambió el panorama de la literatura mundial. Publicó crónicas, columnas, ensayos, cuentos, guiones, teatro y decenas de novelas, entre las cuales descansan obras maestras que seguirán encontrando nuevos lectores hasta el final de los tiempos. Su obra trascendió las fronteras del español, siendo traducida a diversos idiomas, entre ellos el inglés y el francés, lenguas que dominaba perfectamente. Fue también un destacado académico e intelectual, miembro de la Real Academia Española, y también de la Academ...

Tres viejos sueños

      Durante la primera parte de mi vida tuve tres grandes sueños que quise cumplir pero que no pude concretar. El primero de ellos fue ser jugador profesional de fútbol. Recuerdo que con pocos años de edad ya disfrutaba corriendo detrás de una pelota. Jugaba en los jardines, en los parques, en los estacionamientos, básicamente en cualquier espacio rectangular que con un poco de imaginación pudiese transformarse en una cancha de futbol. La primera vez que tuve este sueño fue durante mis primeros años de colegio. Recuerdo jugar al futbol durante todos los recreos en una pequeña cancha de losa y concreto, ubicada en el patio trasero de la vieja escuela evangélica a la que asistía. Junto a esa cancha pequeña se encontraba el gran auditorio de colegio con grandes e imponentes portones de madera. Muy probablemente fue en esa cancha donde aprendí lo poco que sé jugar al futbol. Aprendí a patear el balón con la cara interna del pie, a recibir pases, a usar los muros como cómpli...