30 de abril
Ayer por la mañana recibí un mensaje inesperado. Vacilando, manejé en dirección de regreso a casa y paré en la casa de María. Al llegar a la puerta no sabía si tocar o llamarla. Le envíe un mensaje y de inmediato abrió la puerta. Cuando la vi y ella me vio no hizo otra cosa que romper a llorar mientras yo la sujetaba y la abrazaba contra mi. Ella gimoteaba y lloraba y yo, con tristeza, me mantenía firme dandole el soporte que necesitaba. Las siguientes dos horas fueron bastante tensas. Ella buscaba explicaciones, razones, motivos que le ayudaran a entender la razón de su desdicha. ¿Por qué después de tanto esfuerzo y dedicación la vida la recompensaba de esta manera? ¿Por qué después de tanto sacrificio y faltando tan poco para el final de todo se le tenía que adelantar la vida? Yo no tenía una respuesta y le dije que nadie la tendría, porque la realidad es que no había una. No había una explicación, un motivo racional. La vida es una seria constante de sucesos irracionales. Me ro...