Lo más importante de lo menos importante

    Al despertar hoy me prometí no ver el partido que se jugaba por la noche en Buenos Aires, no quería sufrir, pero al pasar las horas no pude evitar terminar en el bar de siempre cerca al trabajo viendo el juego. Era evidente lo que iba a pasar, y terminó pasando gracias a un genial pase de Messi y una tremenda acrobacia de Lautaro Martinez, quien ya está acostumbrado a marcar en el arco de Pedro Gallese. Al pitarse el silbato final, se hizo oficial lo que muchos veníamos pregonando desde hace días luego de empatar con Chile en Lima: la selección peruana de fútbol se encuentra virtualmente eliminada de la clasificatorias sudamericanas para la próxima copa del mundo, a jugarse en Norteamérica en menos de dos años. Digo virtualmente porque aún existe un remoto escenario basado en la estadística y en las matemáticas en el que la selección peruana logra la anhelada clasificación a la siguiente copa del mundo. Lo cierto es que cualquier persona que haya seguido a Perú en este proceso eliminatorio sabe que esa posibilidad se basa estrictamente en la estadística y en los sentimientos, pero no en la realidad. Es decir, sostener que la selección peruana va a lograr en estas últimas seis fechas restantes lo que no hizo en toda la eliminatoria no resiste ningún análisis deportivo, se trata más bien de una masturbación emocional, de una estimulación del sentimiento, de aferrarse a las posibilidades sin tener en cuenta lo que ha venido pasando durante todo el torneo. Lo concreto es que actualmente Perú es la peor selección de toda Sudamerica, sin una idea clara de juego, sin goles anotados y sin un plantel de jugadores que tengan la calidad suficiente para jugar esta clase de partidos. Por supuesto, tampoco contamos con un entrenador que mejore esta situación tan trágica. El entrenador uruguayo que actualmente tenemos es dogmático, tradicional, e insiste con un esquema errático que no refleja lo que históricamente ha sido el juego de Perú: la posesión del balón y el toque al ras de campo. Por el contrario, ahora Perú juega a defender todo el partido, a generar faltas, a tratar de buscar el gol de pelota parada o de algún contraataque con los delanteros jugando a cincuenta metros del arco rival. Debido a que no tenemos los jugadores para ese esquema, el técnico uruguayo ha decidido improvisar posiciones, en lugar de adaptar su esquema a los jugadores que sí tenemos. Por ello, en diferentes partidos hemos visto a defensores jugando de mediocampistas, a extremos jugando de delanteros y a laterales jugando de centrales, algo incomprensible. En suma, Perú es una selección sin rumbo, desorbitada, un completo desastre. ¿Que debemos hacer ahora? En mi opinión, solo queda pensar en el futuro, en prepararnos para el siguiente proceso eliminatorio desde ahora, en pensar como recuperar nuestra identidad y en buscar ese recambio generacional que pueda ampliar la gama de jugadores que hoy tanto necesitamos. De esa forma, termino el día muy triste, acostado en mi cama. Triste porque queramos o no eso es lo que general el futbol, en especial el futbol de selecciones. Podrá sonar ridículo, pero en un país tan sufrido, con tantos problemas sociales, estructurales y democráticos, algo tan sencillo como una victoria en el futbol nos puede subir el autoestima, nos hace sentir que todo no está tan mal, nos da una alegría colectiva como muy pocas cosas pueden hacer. Eso es lo más hermoso de este deporte. Pero no por ello debemos olvidar lo que es, un deporte. Al final, cuando la pelota deja de rodar, y por más tristeza que sintamos, el mundo seguirá andando, las personas seguirán viviendo, los negocios seguirán progresando y la vida en general continuará el curso que tiene planeado. El Perú, naturalmente, es un país con problemas muchos más severos al día de hoy que el estar sufriendo porque once muchachos no pueden meter una pelota en la portería rival. En el Perú de hoy los ciudadanos viven extorsiones, secuestros, abusos de autoridad, una burocracia desgastante y una democracia frágil, por nombrar algunos de los verdaderos problemas que enfrenta el país. Lo cierto es que si hoy ganamos definitivamente seriamos más felices, pero los verdaderos problemas seguirían ahí. Quien sabe, quizás esa alegría colectiva, esa ebriedad de emoción nos hubiera hecho olvidar completamente de lo verdaderamente importante. Quiero pensar que esta decepción nos servirá para ello. Hoy se cierra ese capítulo. El futbol, la cosa más importante de las menos importantes, hoy nos a los peruanos: adios y hasta luego. No importa. Toca enfocarse en lo que es verdaderamente importante.

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