El hombre que dividió al Perú
Un once de setiembre de 2024 falleció Alberto Fujimori en la casa de su hija mayor Keiko en Lima. Horas antes de confirmarse su deceso, la prensa peruana ya especulaba con la muerte de Fujimori, quien días antes había vuelto a tener un precoz deterioro de salud. Una vez confirmada su muerte las reacciones fueron de dos tipos. Un primer grupo celebraba y festejaba con mucha alegría su partida, alegando que finalmente el mal había abandonado el Perú. Un segundo grupo lloraba y sufría la eterna partida de su Presidente. En el medio, un minoritario tercer grupo, entre el que me incluyo, reaccionamos con indiferencia al hecho. No nos malinterpreten. Indudablemente, la muerte de Alberto Fujimori es un hecho importante e histórico para el país. Fujimori, presidente y dictador, dejó marcado su nombre en la historia del Perú. Durante su régimen tomó decisiones importantes, algunas de ellas crearon los cimientos de una estructura imperfecta pero que mejoró el país notablemente en materia económica y de seguridad. De igual forma, ebrio de poder, pateó el tablero democrático y se perpetró en el cargo durante varios años donde, gozando de un control absoluto, robó de las arcas pública y promulgó prácticas populistas que incluyeron diversas violaciones de derechos humanos. En los últimos días de su mandato, viéndose al descubierto y acorralado, decidió escapar del Perú hacia el Japón, desde donde renunció al más alto cargo político de nuestra república mediante una carta que llegó al Congreso vía fax. Una falta de respeto al país que el Congreso no aceptó, procediendo a vacarlo de la presidencia por permanente incapacidad moral de continuar en el cargo. Años después, de vuelta en Perú, Fujimori sería encarcelado por los crímenes cometidos durante su mandato, luego sería controversialmente liberado y finalmente moriría poco después a los 86 años de edad, en el mismo país que nació, el país que no volvió a ser el mismo después de su paso. Es una verdad objetiva señalar que Alberto Fujimori cambió la historia moderna del Perú. Se podrá discutir si es que esta historia cambió para bien o para mal, pero no se puede explicar la historia moderna del Perú sin mencionar el impacto que tuvo Fujimori. Su largo régimen será estudio obligatorio en las clases de historia, así como lo son los regimenes de Augusto Leguía o de Manuel Odría.
Sin embargo, smás allá de ser un evento histórico este hecho no genera una consecuencia inmediata para el país. No reduce sino incrementa la polarización política que ya teníamos inculcada en nuestra sociedad. Lo cierto es que la muerte del dictador no va devolver a la vida a nadie, no va a detener un daño ocasionado, ni va a cambiar el rumbo del país pues actualmente no lo sigue gobernando. De hecho, a pesar de los argumentos que sus opositores esgrimen, hasta hace un año el ex presidente seguía encarcelado por los delitos que cometió cuando era mandatario. Es decir, en la práctica no cambia nada, no estamos hablando de un dictador en actividad que continúa destruyendo un país y cuya muerte detiene un continuo sufrimiento de un pueblo oprimido. Es por ello que no termino de entender la celebración y alegría por la muerte del dictador, como si esta fuera a traer un beneficio o fuera a detener algo o a dar algo que no hubiese antes. Por otro lado, tampoco entiendo ni valido el sufrimiento de los fanáticos dogmáticos que se niegan a reconocer la realidad y la historia y deciden aprovechar este trágico evento para limpiar la imagen del presidente mediante mitos e historias adulterada. Lo peor es que cuando intentas corregirlos esgrimen el pseudo-argumento de la descalificación personal alegando que no viviste en esa época, que no viviste en el Perú de antes, que no sufriste el terrorismo, que no sufriste la hiperinflación. Es cierto que mucha de la actual generación joven que participa en política no vivió la transición del Perú ni el gobierno de Fujimori de inicio a fin, pero ello no desvirtúa el conocer hechos históricos que ocurrieron en el país. Bajo esta misma falacia hoy en pleno 2024 no se podría comentar sobre la guerra fría, o sobre segunda guerra mundial, ni sobre la revolución cubana, ni sobre la guerra civil en Estados Unidos, o por irnos más atrás la revolución francesa.
Lo mejor que puede pasar con la muerte del dictador es que la división que genera su nombre muera con él. En el Perú es muy difícil vaticinar el rumbo político del país; sin embargo, tengo esperanza que la muerte de Fujimori conlleve el fin de un ciclo, y que conlleve a la mejora del país en todo sentido. Espero que con su muerte física muera esa politización e idealización ridícula que solo debilita el intercambio de ideas y aumenta el ego intelectual de unos pocos.
Miami, 13 de septiembre de 2024
Comentarios
Publicar un comentario