Cuatro largos años

Tras largos cuatro años de espera, mañana finalmente iniciará la vigésimo segunda edición de la Copa Mundial de Futbol, sin duda, el torneo deportivo más importante del mundo. Mucho se está hablando en estos días previos sobre las graves denuncias extradeportivas que han rodeado este importante evento, todas ellas directamente relacionadas con la sede elegida para este torneo: Qatar.

Sin embargo, no se trata de una novedad que las políticas monárquicas que rigen en Qatar sean contrarias a los hitos democráticos y a favor de derechos humanos que rige en el resto del planeta; de hecho, ya se encontraban instauradas durante el 2010 cuando fue elegida como sede del torneo mundial del 2022, hace ya doce años. 

Qatar, como Estado monárquico, se manifiesta en contra de los derechos LGTB, en contra de los derechos de las mujeres y en contra de la libertad de expresión. Evidentemente, en Qatar tampoco existe una división de poderes o algo parecido a un Estado de Derecho, por lo que no hay un parlamento, no hay organismos autónomos, y no existe participación democrática en la toma de decisión. Por todo ello, resultó una decisión disparatada cuando la FIFA decidió otorgarle la sede del mundial 2022 a Qatar por sobre otros candidatos idóneos como Japón, Australia o Estados Unidos.


Además de haber sido una pésima decisión por razones políticas y humanitarias, también lo fue en su momento por aspectos técnicos y deportivos. En el año 2010, Qatar solo contaba en su territorio con dos estadios de fútbol profesional capaces de albergar un partido de las características de la Copa del Mundo, de igual forma su liga profesional local mantenía un nivel semi amateur que no es muy distante del que mantienen hoy. Para darnos una idea comparativa, Estados Unidos contaba con cincuenta y seis estadios hábiles para albergar un partido de la importancia de la Copa del Mundo, así como, una liga de futbol profesional en ascenso y con mucho mayor nivel. A pesar de ello, la propuesta ganadora fue la de Qatar.


Como si todo esto fuera poco, desde que fue elegida como sede del mundial 2022, Qatar ha impuesto sus propias condiciones para celebrar el torneo deportivo. Primero, ha modificado la fecha ordinaria en la que se juega el mundial (durante toda la historia se ha jugado en el mes de junio, será la primera vez –con suerte la última– que se juegue en noviembre), seguido, ha modificado el calendario de todas las ligas profesionales de fútbol obligando a suspender los campeonatos locales durante noviembre y diciembre, y recientemente se han prohibido la venta de bebidas alcohólicas dentro de los Estadios, a pesar de que este fue uno de los acuerdos para aprobar su candidatura como sede en el año 2010. Con todo lo que ocurre en su país, no debería sorprendernos que no respeten los acuerdos contractuales que pactaron en el momento de su postulación.


Sin perjuicio de ello, la denuncia más importante en torno al mundial de Qatar está dirigida a la violación sistemática de derechos laborales y humanos de trabajadores inmigrantes en la construcción de los seis nuevos estadios inaugurados exclusivamente para la Copa del Mundo. De acuerdo con un informe del diario inglés The Guardian, entre los años 2010 y 2020 cuando se ejecutó la construcción de los seis estadios, fallecieron aproximadamente 6,500 trabajadores inmigrantes producto de las precarias condiciones laborales en las que realizaban sus actividades, la gran mayoría de ellos provenientes de la India, Nepal y Bangladesh.


Estos acontecimientos han llevado a que se cuestione permanentemente la decisión de que se juegue una Copa del Mundo en un país monárquico y anti derechos. Dichos cuestionamientos se siguen manteniendo hasta ahora, ad portas de iniciar el evento. Por ejemplo, hace algunos días Shakira anunció que no iba a participar de la ceremonia de inauguración, la misma decisión tomaron otros artistas inicialmente programados como Dua Lipa o Rod Stewart. Todos ellos tomaron esta decisión como una forma de protestar contra la sede del mundial. Sin embargo, hay cantantes que toman otra posición, como el colombiano Maluma que sí ha aceptado participar de la ceremonia inaugural de este torneo. De hecho, cuando hace unos días un periodista británico, sagaz y puntilloso, le preguntó sobre su participación en la inauguración de este evento como una forma de limpiar la imagen del torneo, el colombiano respondió que él no podía hacer nada al respecto y que solo asistía a Qatar para disfrutar del futbol y de la vida. Luego de ello, se levantó de su asiento y abandonó la entrevista.


Este acontecimiento lleva a cuestionarme. ¿Debemos o no debemos disfrutar de la Copa Mundial de fútbol? ¿Fue una buena idea que el mundial se juegue en Qatar? ¿Deben los jugadores de fútbol asumir parte de esta decisión, o deberían abandonar la concentración en reivindicación de los derechos humanos? ¿Deben los hinchas dejar de asistir y de mirar el mundial como una forma de protesta contra el monárquico gobierno Qatarí?


Mi respuesta es que no. Es totalmente cierto, no fue una buena idea que el mundial se juegue en Qatar, nunca lo fue ni lo será. Pero esa decisión no la tomaron los hinchas del fútbol, ni la tomaron los entrenadores, ni la tomó Lionel Messi o Cristiano Ronaldo. Dicha decisión fue exclusiva de los altos dirigentes de la FIFA, específicamente de su entonces presidente, Joseph Blatter, quien hace doce años decidió otorgarle la sede del mundial a la monarquía Qatarí. Por ello sorprende que hace unos días este mismo señor reconociese ante Forbes que efectivamente fue una mala decisión otorgarle la responsabilidad de un evento tan grande e importante a una dictadura. En lo que a mi me concierne, estoy convencido que solo hay una razón para tomar y defender una decisión tan irracional e incomprensible como la de Qatar 2022, y es cuando encuentras un interés personal en ella. Dicho interés personal probablemente ya se vio esfumado en el transcurso de estos doce largos años, pero la decisión fue tomada y mañana, inexorablemente, girará el balón en el partido entre Qatar y Ecuador. 


Considero que no podemos culpar a los hinchas ni a los futbolistas de las pésimas decisiones que toman los dirigentes del fútbol. Es cierto que en Qatar se vienen violando derechos humanos desde hace décadas, especialmente de inmigrantes, de mujeres y de minorías discriminadas. En mi opinión, no corresponde al fútbol corregir estas injusticias, no corresponde a los futbolistas, no corresponde a los hinchas, lo considero demasiado drástico.


Pues, es el sueño de cualquier jugador es disputar una Copa del Mundo y ganarla. ¿Debemos entonces pedirles a Lionel Messi que abandone su último mundial como señal de respeto a los derechos humanos? Me parece que no sería justo. ¿Debemos pedirles a los hinchas de la selección brasileña, que sueñan con volver a levantar la Copa, que abandonen el mundial y se regresen a su país? Me parece que no. Lo cierto es que los amantes del fútbol seguiremos este torneo se juegue en donde de se juegue, sea Qatar, Alaska, Júpiter, Macondo o Namekuzei.


Nuestra pasión es por el juego, por el torneo, no por el lugar donde se juegue. En tal sentido, el único responsable de esta decisión son los altos directivos de la FIFA quienes nos siguen demostrando que su rol dentro del fútbol está direccionado más al camino del dinero que al camino del espectáculo.


Escrito el 19 de mayo de 2022

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