Hasta que nos volvamos a ver

La selección peruana de fútbol -el equipo de todos- se enfrentó hoy, en Doha, contra una dura selección australiana por uno de las últimas invitaciones a la fiesta deportiva más grande del mundo: el campeonato mundial de futbol. Luego de más de dos horas de partido, con tanda de penales de por medio, fueron los australianos los que consiguieron quedarse con la victoria. Serán ellos los que, luego de largos cuatro años, vuelvan a enfrentar a Francia y a Dinamarca en la fase de grupos de la copa mundial.

El partido fue desastroso. Un resultado mezquino con los más de diez mil peruanos que estuvieron alentando sin parar en Doha, y demasiado dadivoso para los poco más de cien australianos presentes. Si de aliento se tratara, Perú no solo habría ganado el partido, quizá hasta la copa misma, pero en el fútbol se gana no con la mejor hinchada, no con el mejor juego, incluso no con el mejor equipo, se gana metiendo goles, y Perú jugó hoy con todo menos con una idea clara de gol. Prueba de ello es que, en las dos horas, tuvimos un solo disparo directo al arco australiano.

No recuerdo un partido tan aséptico de la selección desde hace algunos años, no por lo menos desde la era Gareca. Hemos tenido partidos bastante dificiles, contra rivales bastante desafiantes, no diría que el equipo australiano fue uno de ellos. Diría que la selección no jugó un buen partido, no se encontró dentro del campo. Parecería algo increible, nuestros mejores jugadores no atinaban un balón, los defensores se tropezaban, los habilidosos no podían parar la pelota, a los delanteros les quedaba larga. 

En sí mismo, no diría que fue un partido vistoso, tuvo contadas ocasiones de gol, pero sí que fue bastante sufrido, más aún si se era rojiblanco. El futuro de la selección, en este momento, parece bastante incierto. Nadie esperaba que esta continuidad terminara de golpe, nadie esperaba que nos fueramos a separar tan pronto, casi todos los peruanos –dentro del corazón– nos veiamos nuevamente cantando el himno en Qatar.

Parece trágico, parece sin rumbo, no lo sabremos hasta después de la copa del mundo. Sea como fuera, de algo sí estamos seguros, de que este amor es una locura. De que el amor por el equipo no se dejará más, que si hoy estamos caídos mañana nos levantaremos más fuerte. Sufrir parece parte de nuestro ADN... Pero yo te canto y te cantaré siempre, a tus colores, por lo que representas, y te sigo a ti y te seguiré siempre, no a los jugadores, no a un entrenador, a la blanquirroja. No será mucho cuando nos volvamos a encontrar...

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