Quiero escribir
No tengo tiempo. Y el poco tiempo que tengo lo utilizo mal. En realidad, sí tengo tiempo. Pero lo utilizo mal. Quiero escribir pero no escribo lo que quiero.
Me levanto descansado, hace varios días que no dormía tanto. Desayuno y luego me baño. En el intermedio, pierdo el tiempo. Juego un rato a la pelota con el perro, paseo por la cocina tanteando con el café, pongo música y leo el diario. Ya es tarde, estoy retrasado para mi único compromiso del día en el centro de la ciudad.
Llego tarde pero los demás comensales también, entonces estaciono despacio y camino sin premura. Caminando bajo el sol de verano llego hasta la plazuela Aramburú y luego doblo hacia Azangaro. A mitad de cuadra hay una larga fila de espera. En la cima, está parado un mozo bramando el nombre de algún desaparecido cliente. Para mi sorpresa, mi compañía ha llegado, me ha reservado una mesa. Entro sin espera.
Comemos muy bien. Hace tiempo que no disfrutaba ese sabor a casa, sabor a Perú. Salimos caminando por la misma calle por donde vine, llena de tramitadores y librerías. En la esquina hay un nuevo mural: es la cara de un antiguo tramitador, muy querido, recordado por sus amigos. En el gran dibujo está sonriente y con el pulgar arriba, probablemente así lo recuerdan. "De tus amigos de Azangaro" dice la firma.
Me acompañan hasta mi auto, me despido pero a los pocos minutos regreso, no tengo efectivo, nunca cargo efectivo. Luego manejo tranquilo de regreso, aunque ya es tarde, han pasado varias horas.
En el camino observo cómo el cielo se transforma. Ahora está nublado, taciturno, apagado, como casi siempre lo está, sin importar que sea verano. Llego hasta Dasso y manejo lento, debo echar combustible al auto. Según los analistas mas entendidos, la gasolina y el petroleo pronto escasearán en el país. Vienen diciendo lo mismo desde hace meses: antes era por el Gobierno, ahora es por la guerra europea. No les creo, pero ya estoy aquí, esperando.
Acelero rápido con el tanque lleno. Bordeo el Golf y de reojo veo a chica caminar por la acera con su perro. Freno despacio y miro por el espejo izquierdo. Ella no me ve, pero yo sí a ella. Es una ex-compañera de la Universidad. Tiene el cabello color rosado y está escuchando música, mirando el cielo. Pienso en retroceder, en saludarla, pero tal vez no se acuerde de mí. "Mejor escribo sobre ella", pienso.
Sigo mi trayecto, ya estoy a unas cuadras. Veo a tres chicas preciosas caminar por Alzamora, llevan lentes de sol y sandalias aunque el cielo este nublado. Visten holgadas. Caminan jubilosas mientras van hablando. Se ven tan libres. Quiero escribir sobre ellas.
Finalmente estaciono, subo al ascensor y espero dos minutos, lo que demora en llegar a mi piso. Entro a mi estudio, abro la computadora y me siento. Quiero escribir. Antes miro por la ventana, veo el cielo oscureciendo. "Ya es tarde", pienso.
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