Mensaje de madrugada

Hace unos días estaba en casa revisando un informe legal que llevaba varios meses preparando en la oficina. Acabé mi trabajo pasada la una de la mañana. Estaba fatigado. De inmediato me deslicé dentro de las sabanas y prendí el televisor para finiquitar a mis ojos desgastados. Pasaron un par de minutos de lucha contra la vigilia cuando mi celular sonó. Era un mensaje de Angela. Conciso. "Ruben ¿Estás?". Miré  el teléfono tenuemente sorprendido y tras vacilar unos segundos giré mi cuerpo hacia el otro extremo de la cama. Cerré los ojos y me dormí. 

Por la mañana desperté tranquilo. Deprisa tomé mi celular y vi que el mensaje había sido eliminado. Lo suponía. En los pocos segundos de lucidez antes de dormir pasó por mi mente ese escenario. La verdad es que me sentí indiferente, ordené la cama y comencé con mi día. Fue llegada la noche, antes de dormir, que me detuve a sobrepensar en el hecho.

¿Qué me habrá querido decir? ¿Habrá necesitado algo? Quizás quería verme. El día del mensaje fue un domingo por la noche, quizás estaba en casa y se sentía sola. ¿No habré sido descortés al no preguntarle en la mañana por el mensaje borrado? Quizás ella me vio conectado en el teléfono minutos antes de escribirme y tomó mi silencio como una respuesta tácita. ¿Por qué quisiera saber si es que estaba disponible? ¿Habrá querido hablar conmigo? Tal vez tuvo un incidente, una emergencia y necesitaba mi ayuda. No lo sé, pero tampoco lo quería saber.

Pronto sabría que no fue nada grave. Hoy por la noche recibí un correo electrónico. No reconocí la dirección del remitente pero sabía que era ella. El correo no tenía asunto. Tampoco introducción. Era solo una frase interrogante: "Parece que ya eres libre". Reí falsamente. Por largos minutos pensé en responderle, pero no lo hice. Supongo que de esa manera sabrá cuál es la respuesta.


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